Disability World
Una revista electrónica, bi-mensual, sobre noticias y opiniones internacionales relacionadas al tema de la discapacidad Volumen No. 18 Abril-Mayo 2003


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Violaciones sistemáticas de la dignidad humana:
Afganistán y Países Bajos

Por Agnes van Wijnen (agnes@kantel.nl)

En una casa recubierta de cal, en la ciudad de Samarchel, a 10 km de Jalalabad, nombre de ciudad que se nos hizo familiar desde la guerra de Estados Unidos contra Afganistán, podemos encontrar la tumba de Said Mohamed Ali Shah.

Shah, que vivió entre los años 1565 y 1664, era un hombre muy religioso y conocido por sus poderes para sanar. Con él, la gente con discapacidad tenían muchas oportunidades de ser curadas. Su tratamiento consistía de dos comidas abundantes por día y dos baños diarios. Sus críticos decían que los pacientes se curaban porque eran tratados como reyes y reinas, no por la voluntad de Dios o porque el tuviera poderes para sanar. El sabio no se defendió pero les preguntó, cuál sería la peor dieta que se podían imaginar. Le contestaron que agua y pan con pimienta. Los pacientes comenzaron a tomar esta nueva dieta durante cuarenta días y la historia dice que también se curaron.

En julio del año pasado, el siquiatra y antropólogo cultural holandés, Peter Ventevogel, viajó a Afganistán a trabajar con la organización HealthNet International. El anotó todas sus experiencias en un diario. En uno de estos viajes visitó la ciudad de Samarchel y la actual institución para pacientes con discapacidades psiquiátricas, que está al otro lado de la tumba Said Mohamed Ali Shah.

Esa institución tenía hileras de habitaciones bajas, donde los pacientes tenían que mantenerse con la cabeza inclinada. La mayoría de los pacientes se sentaba en metates, debajo de los árboles y eran amarrados por los tobillos con cadenas y casi no recibían tratamiento. Las notas del diario del Dr. Ventevogel, describen una forma de maltrato, muy conocida por las personas con discapacidad mental.

La organización Derechos de las Personas con Discapacidad Mental Internacional (Mental Disability Rights International), se dedica a promover el cumplimiento de los derechos de las personas con discapacidad mental y ha documentado abusos a los derechos humanos como los que acabamos de mencionar en varios países del mundo. Esta organización ha publicado en varios periódicos y mostrado en la televisión fotografías de personas con discapacidad encadenadas a sus camas, fuera o dentro de sus casas. Se piensa que los casos más frecuentes se dan en los países de Europa del este, África y América Latina.

Hoy en los Países Bajos: ¿Incidentes o problemas del sistema?
Hace unos cinco años, el público de los Países Bajos se enfrentó con la fotografía de una joven mujer que, desnuda, había sido atada en su celda a algo que parecía una cama. La fotografía de Jolanda Venema fue presentada en varios periódicos y en programas importantes de la televisión, como un esfuerzo de su familia para cambiar las pésimas condiciones en las que estaba su hija. Eventualmente la familia tuvo éxito: Los miembros de Parlamento hicieron preguntas y el Ministro de Salud fue presionado a suministrar más fondos para aumentar el personal de la institución. Terminó el abuso o, por lo menos, eso es lo que se piensa.

Hace tan solo unas cuantas semanas quedé muy perturbada por la situación actual del sistema de salud mental de los Países Bajos, donde me informaron que, no solo en una sino en varias instituciones se mantiene a personas con discapacidad mental en aislamiento, sin tratamiento y con cuidados mínimos. También se sabe de instituciones del país, que amarran a sus residentes.

Se dice que el abuso es estructural, en otras palabras, estas situaciones no son incidentes necesariamente aislados. Son causadas por faltantes estructurales de personal y recursos. Quedé muy perturbada por la gravedad de las violaciones, pero mucho más consternada porque me obligaba a reconocer cómo, y con mucha facilidad, en nuestros países considerados civilizados, se nos hace creer que esas situaciones son casos aislados y raros. Ahora sabemos que los casos como los de Jolana Venema no son una excepción.

Los abusos contra la dignidad “estancan los derechos humanos”
Estos abusos, tanto en Afganistán como en los Países Bajos, son humillantes. Son ataques serios contra la autoestima de las personas, anulan la valoración que la persona tiene de su misma y violan la dignidad humana, porque las personas son tratadas como si fueran objetos.

¡Esto no debe suceder! Todas las personas debemos ser valoradas y respetadas. En su estudio reciente para la Oficina del Alto Comisionado sobre Derechos Humanos de Naciones Unidas, “Derechos humanos y discapacidad”, Gerard Quinn and Theresia Degener, especifican que la dignidad humana es uno de los cuatro valores esenciales, los otros son autonomía, igualdad y solidaridad: “La dignidad humana es el fundamento de los derechos humanos. Cada individuo es un ser invaluable y nadie es insignificante. La gente no debe ser valorada por ser económicamente productiva o útil, sino por el valor inherente que tienen todas las personas”.

Todavía hay gente que es atada a sus camas o sillas y eso es una violación de los derechos humanos. Esta práctica es una violación vinculada a “un tratamiento inhumano y degradante”, Artículo 7 del Pacto de Derechos Civiles y Políticos. Tanto Afganistán como los Países Bajos han ratificado y por lo tanto están obligados a acatar este instrumento internacional, que es legalmente vinculante.

Las investigaciones son necesarias y urgentes
Es necesario realizar investigaciones acerca de las prácticas diarias de las instituciones de salud. Estas urgentes investigaciones deben producir mejoras en las normas de atención de estas instituciones, para lograr un respeto total de la dignidad humana, del valor de la persona, su privacidad y derecho a escoger. Esto también incluye mejoras en la capacitación y los controles del personal médico, tratamiento y cuidado. Las medidas correctivas y las mejoras también deben partir de esfuerzos en control de calidad, que sean parte del sistema de atención.

De seguro las investigaciones y el seguimiento indicarán la necesidad de ofrecer servicios dirigidos por la comunidad y en la comunidad. La organización Internacional de Derechos de las Personas con Discapacidad Mental, reconoce que el gobierno es el que tiene la responsabilidad de garantizar que se protejan los derechos de las personas con discapacidad mental y debe hacerlo mediante sistemas de apoyo para las comunidades y para las instituciones.

NOTAS
Fuente: Trouw, 11, 28th, 2002; Peter Ventevogel, Dagboek / Prozac in her drinkwater

Quinn y Degener, Human Rights and disability (Derechos humanos y discapacidad: Actualidad y uso potencial de los instrumentos de derechos humanos de Naciones Unidas), United Nations, New York and Geneva, 2002

Consulte el documento: Human Rights and Opportunities for Reform (Derechos humanos y oportunidades para la reforma), MDRI, Mental Disability Rights International, Washington, 2000

Agnes van Wijnen es Asesora Principal de la empresa Kantel Konsult, una empresa de personas con discapacidad que trabaja con proyectos de fortalecimiento, derechos y vida independiente.

Sitio en la Red: www.kantel.nl

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